Una mañana cualquiera en Guiyu, provincia de Guangdong, centenares de hombres hacinados en galpones hurgan entre computadoras e impresoras y las desarman a mano. Algunos inhalan nubes de tinta. Un tractor transporta cables a un callejón donde un grupo de mujeres los funde y coloca en barriles para aprovechar el cobre antes de derramar lo que sobra en las aguas negras del río Lianjang.
En una construcción baja ubicada al pie de una colina, una mujer de mediana edad se inclina sobre una lámina de acero colocada sobre carbón encendido. El objetivo es fundir los condensadores extraídos de las computadoras para extraer pequeñas cantidades de oro. A tres metros de distancia, una niña de no más de once años examina los circuitos que están extendidos sobre una mesa.
"Hoy no hay escuela", dice el jefe, Zheng Conggong, de 27 años, cuando le preguntan por qué la niña está ahí. "Vacaciones". Son las diez de la mañana de un lunes, y es un día de clase en el resto de China. Cuando el jefe se aleja, la niña confirma con timidez que trabaja ahí todos los días, todo el día. Sus dedos son rápidos y hábiles. Es evidente que ya tiene práctica.
Esta actividad deja su impronta en todos los rincones de la ciudad, desde las bandas de plástico y los trozos de vidrio que llenan el río hasta las pilas de tableros, teclados y discos rígidos que se acumulan ante prácticamente cada casa. Es un paisaje tóxico. El vidrio de los monitores contiene plomo, que afecta el sistema nervioso y es nocivo para el cerebro de los chicos. Las baterías y los interruptores contienen mercurio, que afecta órganos y fetos. Los tableros contienen berilio, cuya inhalación puede provocar cáncer.
Hay camiones que traen agua de lugares ubicados a más de quince kilómetros de distancia, ya que el agua local no es potable. Cerca de la ribera de un río que se usó para descomponer y quemar tableros de circuitos, una muestra de agua revela niveles de plomo 190 veces más elevados que el que establece la Organización Mundial de la Salud para el agua potable, según surge de un informe que dieron a conocer el año pasado la Silicon Valley Toxics Coalition y otro grupo ecologista norteamericano, la Basel Action Network.
Las organizaciones de defensa del medio ambiente sometieron muestras al análisis de Hong Kong Standards y Testing Centre Ltd., indica el informe. En una muestra de sedimento se hallaron niveles de plomo y otros metales pesados como cromo y bario centenares de veces superiores a los niveles ecológicos de riesgo europeos y norteamericanos. El análisis del agua confirmó los resultados obtenidos en una muestra anterior que tomó un periodista de Eastweek Magazine, una publicación en chino que se distribuye en Hong Kong, que detectó niveles de plomo aún más elevados.
El informe de las dos organizaciones ecologistas, titulado "La exportación del daño: la utilización de Asia como basurero tecnológico", acusa a los fabricantes de computadoras de no asumir ninguna responsabilidad por la contaminación que provocan mediante el establecimiento de sus propios programas de reciclaje. También critica a los Estados Unidos por negarse a ratificar la Convención de Basilea, un acuerdo internacional que firmaron los demás países desarrollados y que apunta a limitar la exportación de desechos peligrosos. El resultado de esa negativa es que los recicladores de los Estados Unidos no violan ninguna ley interna al enviar desechos de computación a los países pobres de Asia.
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